El 28 de diciembre se conmemora el día del año 2 de la Era Cristiana en que según el libro de Mateo de la biblia Herodes I El Grande mandó asesinar a todos los niños varones de menores de dos años que vivían en Belén, Judea, con el fin de eliminar a Jesús de Nazareth.

Algunos historiadores dicen que esa matanza no ocurrió en esa fecha, sino un par de días después de que se llevara a cabo la tan famosa Adoración de los Reyes a Jesús, que aunque no se sabe a ciencia cierta la fecha exacta, como pasa también con todas las fechas de la temporada por no estar en los evangelios bíblicos, tradicionalmente se festeja el 6 de enero.

Sea cierto o no, el asunto es que como sucede con muchas cosas serias e incluso poco agradables y hasta deplorables, en México y Latinoamérica ya saben que todo se agarra para broma, sarcasmo, etcétera y es así que desde tiempos seculares es casi un deporte nacional que el 28 de diciembre todo el mundo diga mentiras o haga a quien se deje toda clase de bromas, desde las más ingenuas hasta pesadas o de mal gusto. Llega ese día y hasta nos despertamos con la idea de hacerle una broma o correrle una mentira al prójimo.

Si el tema no pasara de ahí, de lo privado, quedaría todo en el terreno de las relaciones personales; pero cuando una supuesta inocentada llega a rozar o traspasar los límites de la legalidad, es ahí donde ya se involucra el tema jurídico, pues hay veces que se llegan a cometer actos contrarios a derechos fundamentales como el derecho a la información o transgresores del derecho civil, entre otros, todos ellos quedando impunes debido –cuando no a la ignorancia o a la conciencia subdesarrollada- a una mala interpretación de la exigibilidad de la norma por el simple y sencillo pretexto de la fecha, perdiendo de vista que el contenido de valor de toda norma jurídica debe protegerse todos los días, a todas horas. Me explico en un par de ejemplos:

Simular públicamente una situación de peligro o catástrofe, ya sea de índole natural, económica, política o social, tal como lo hacen muchos medios de comunicación masiva en esta fecha, llegando a provocar confusión y hasta daños materiales y humanos, puede traer consecuencias importantes en países como España, donde este acto antijurídico se castiga hasta con un año de prisión y multa.

Aquí en México este tipo de publicaciones son hasta festejadas, y es más, parece que existiera competencia entre los medios para ver quien publica la nota más ingeniosa y creíble, con total impunidad en términos no solo de la ley de la materia sino constitucionales, de acuerdo lo dispuesto por el artículo 6° de la Carta Magna.

En internet, en donde ya parece normal la violación sistemática a derechos, obligaciones y disposiciones en materia civil, en otros países quien haga una publicación donde sea, que vulnere la fama pública, el honor, la intimidad o la propia imagen de una persona deberá pagarle una indemnización por daños y perjuicios más los gastos y costos judiciales.

Aquí a todos esos actos también se les hace fiesta, así, como perritos moviendo la cola. Se vuelven virales sin importar el daño que se le hace a quien es víctima de sus ofensas; se compite para ser el más gracioso, ocurrente y/o difamante (si contiene todo eso junto mucho mejor) y no contentos con eso, hasta los replican, convirtiéndose jurídicamente en coautores de la infamia.

Todos estos actos antijurídicos quedan impunes, en términos no solo civiles, sino aun constitucionales, atendiendo al artículo 6° apartado A fracción II (protección de la vida privada y los datos personales) y apartado B fracción III (la radiodifusión es un servicio público de interés general que debe prestarse en condiciones de calidad, beneficio cultural preservando la veracidad de la información publicada).

El artículo 16 párrafo doceavo (las comunicaciones personales son inviolables y su violación constituye delito) relacionado al 73 fracción XXI penúltimo párrafo (competencia de las autoridades federales en la materia para hacerlo aplicable) y al tan mentado y “novedoso” pero por desgracia tan poco respetado Principio Pro Persona uno de los principales garantes del principio universal de Dignidad Humana (artículo 1°, párrafo segundo, interpretación de las normas siempre favorable a la persona y la más amplia protección de sus derechos).

Ante todo esto hay quien erróneamente arguye el ejercicio de su libertad de expresión. Nada más falso, pues esta libertad no es un derecho absoluto, tiene límites, entre los que se encuentran la imagen, la fama pública, el honor, la intimidad de las personas a las que se involucra negativamente y en su perjuicio.

Hace poco en Madrid, cinco jóvenes vestidos de payasos irrumpieron en un cine provocando el horror colectivo mientras filmaban felices el evento para subirlo a YouTube. Provocaron la movilización de la fuerza pública; fueron detenidos. A ese ejemplo pueden sumarse otros en los que se disque informa de robos, se amenaza con hacer explotar bombas o sacando un arma falsa diciendo que se va a usar contra la gente, ataques terroristas, suicidios, accidentes, que han llegado a provocar daños en la salud física y psicológica de quienes las ven o leen, además de que pueden incitar a que los afectados lesionen o vulneren derechos al bromista, provocando también consecuencias legales en su contra. Esto sin mencionar el tema de que los sujetos activos o pasivos sean menores de edad, donde entrarían otros principios y normas jurídicos cuyo tratamiento excede los alcances de esta columna.

¿Se puede hacer cualquier cosa con el pretexto de que “pues es que es día de los inocentes”? ¿Dónde está el límite? ¿Hasta dónde una broma o mentira deja de ser eso para convertirse en un acto antijurídico, constitucional, civil, penal o de otra índole? Como dice Luigi Ferrajoli, el Sentido Común en Derecho siempre será el principio a considerar, aunque como ya sabemos por desgracia, tal como afirmó Plastócrates de Efeso “es el menos común de los sentidos”.

Recordemos que exactamente lo mismo pasaba con los baños y el despilfarro de agua el Sábado de Gloria, otro día de conmemoración religiosa, que todo el mundo festejaba con el pretexto del “es que hoy pos si se vale” hasta que tuvo que ser regulado por el derecho administrativo y el penal y que también trae a colación el lamentable y troglodita asunto de la producción venta y uso de explosivos (unos light y otros no tan light) denominados coloquialmente “cuetes” (cohetes para los amantes del buen decir), que siguen usándose sin control, ni regulación, ni sanción jurídica porque “pues es que es para las fiestas religiosas”; “es que es pa’ la pachanga”, aunque contaminen el aire, con el ruido, la basura, provoquen incendios forestales, lesiones, mutilaciones y hasta muertes, como las que lamentablemente sucedieron hace unos días, tema que da para una columna en exclusiva.

 

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